REVUELTA DE LOS SÁTRAPAS

El reinado de Artajerjes II no fue de ninguna manera lo tranquilo que fue el de su antecesor, Artajerjes se enfrento a tal cumulo de rebeliones que seria difícil enumerar aquí todas, nos centraremos tan solo en la famosa revuelta que sacudió Asia Menor durante casi una década y que puso en verdadero peligro la integridad del propio imperio persa.

Todo parece que empezó cuando el sátrapa de Capadocia y Cilicia (otras fuentes dan Paflagonia), Datames, decidió rebelarse. Este personaje además de ser un gran militar debía ser un buen diplomático y como suele ocurrir en estos casos, con gran numero de contactos y amistades dentro de su área de actuación. No debió costarle mucho convencer a otros sátrapas de que había llegado el momento de sublevarse pues la rebelión corrió como la pólvora y hasta siete sátrapas debieron unirse a ella. No obstante no fue nunca llevado como una causa común, los distintos sátrapas luchaban solo para si y tan solo ocasionalmente se apoyaban entre ellos contra las fuerzas del rey. El mas peligroso de estos sátrapas autónomos fue a decir de los cronistas, Ariobárzanes, quien además de contar con una alianza concreta con Datames, era apoyado por Atenas y Esparta con tropas y sus mejores generales (que recibieron, por supuesto, suculentas contraprestaciones). Las derrotas de los ejércitos reales se sucedieron durante años sin que se llegara a ningún resultado definitivo por una u otra parte, al no estar unidos, los rebeldes nunca pudieron hacer mas que defenderse de los ataques de los generales del rey, quienes una y otra vez volvían con nuevos y numerosos ejércitos. Al final, y seguramente mediante un proceso mas de tacto que de fuerza, los sátrapas mas inteligentes y poderosos como el mismo Ariobarzanes, Datames o Mausolo (rey de Caria), volvieron a la obediencia real durante mas o menos tiempo debilitando así las fuerzas totales de la rebelión que de esta manera veía condenada a una consunción lenta pero inexorable. Finalmente con la muerte de Datames y la vuelta al anterior status quo (cediendo también por parte real algunas parcelas de su antigua influencia como seguramente en Paflagonia o el Ponto) se termino esta rebelión y tras ello pudo por fin el imperio dedicarse a recuperar el control de Egipto que mantenía desde hacia ya casi medio siglo una independencia y una beligerancia hacia Persia humillantes.